sus paredes
de colores etéreos pintadas.
Estéril como el olvido;
ausente de amores.
Atestada de sueños rotos;
su jardín no tiene flores.
Queda un olmo de ramas caídas:
quejumbrosas sus hojas mustias.
Solitarios sus brazos extendidos;
de mudos nidos colgados.
La lluvia ya no corre descalza;
su techo de metal y vidrio,
destilla recuerdos que matan.
Cicatrices cubren sus puertas;
espinas sus ventanas.
Mi alma es una casa;
en la que solo fantasmas habitan:
desvelados vestidos de luto,
deambulan sin esperanza.

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